La agrupación venezolana Rawayana, que viene de un 2025 cargado de éxitos, consolidó su proyección internacional tras obtener dos premios Grammy y posicionar varios temas en la escena global. La banda se ha convertido en un referente por su capacidad de conectar con la identidad venezolana y transformarla en un lenguaje musical auténtico y contemporáneo. En sus canciones es común encontrar expresiones propias del país, así como conceptos culturales resignificados, como ocurrió con el tema “Veneka”, junto a Akapellah, ganador del Latin Grammy a Mejor Canción de Electrónica Latina. En esta pieza, el grupo toma un término históricamente usado de forma peyorativa para denigrar a los venezolanos y lo resignifica desde el humor y lo coloquial, quitándole su carga negativa y devolviéndole un sentido identitario.
El año comenzó con fuerza para la banda con el lanzamiento de su sexto álbum de estudio, ¿Dónde es el After?, una producción de 23 temas concebida como una obra conceptual que explora la transformación personal y colectiva a través de un viaje sonoro que transita entre lo real y lo alucinógeno. Rawayana describe este disco como una búsqueda de experiencias que superen lo vivido, guiada simbólicamente por el Sol. En esta nueva etapa, la agrupación reúne a un amplio grupo de colaboradores latinoamericanos, con un marcado protagonismo venezolano.
Entre los invitados destacan Elena Rose, Servando y Florentino Primera, Mazzarri y Joaquina. A ellos se suman Manuel Turizo desde Colombia; Carín León desde México; y artistas vinculados a la escena latina en Estados Unidos como DannyLux, Grupo Frontera y Magic Juan. El elenco se completa con figuras de Puerto Rico como J Quiles y Jowell & Randy.
En el plano musical, ¿Dónde es el After? recorre una amplia gama de influencias. El álbum incorpora ritmos venezolanos, como los tambores costeros presentes en el tema de apertura “Si te pica es pq eres tú”, y retoma el “venetón”, un estilo que la banda define como una evolución tropical del sonido caribeño, presente en canciones como “La noche que no había Uber”.
La propuesta visual también juega un papel clave. La portada evoca una estética noventera e incluso de los años 2000, con una paleta vibrante dominada por rojos y amarillos, que contrasta con la ausencia de tonos marrones. En ella se aprecia la silueta de una mujer caminando por la playa junto al sol, una imagen que remite a símbolos profundamente venezolanos, como la icónica figura de la harina PAN y la arepa, reforzando el discurso identitario del álbum. Este enfoque se refleja también en temas como “Tonada por Ella”, dedicado a Venezuela, o “Qué Rico PR”, donde la banda explica y compara expresiones utilizadas en Puerto Rico y Venezuela, resaltando sus diferencias culturales pero uniéndolas en una misma narrativa musical.
Sin duda, año tras año Rawayana continúa ganándose el corazón de los venezolanos y de públicos en distintos países. Con una propuesta sólida, original y fiel a sus raíces, la banda se proyecta como una de las agrupaciones latinoamericanas más importantes de la escena musical global.







